La certificación es lo que realmente está en juego. Mientras la clase no esté certificada, el demandado se enfrenta a un demandante aislado; una vez certificada, se enfrenta a miles de personas a la vez, y el riesgo financiero llega a ser tal que la transacción a menudo se impone, con independencia del fondo.
Por eso las batallas procesales en torno a la predominance son tan encarnizadas. En un litigio de franquicia, la cuestión pasa a ser: ¿son las situaciones de los explotadores lo bastante parecidas para ser juzgadas conjuntamente, o cada contrato, cada restaurante, cada mercado local exige un examen individual? El demandado siempre defiende la segunda respuesta.