Don Gorske no es ni un empleado, ni un embajador, ni un caso clínico: es un particular que decidió, en 1972, comer un Big Mac al día, y que lo ha cumplido. Su método de prueba es lo que le hizo entrar en el libro de los récords: guarda los tiques.
Se le invoca con regularidad en los dos sentidos del debate nutricional: como contraejemplo de las tesis de Super Size Me, o como caso aislado que no prueba nada. Lo único establecido es el recuento: el récord está homologado, y la empresa no tiene nada que ver.